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¿Porqué mi móvil va tan lento? Algunas razones que te ayudarán mejor a entenderlo

El mundo de la tecnología es un mundo de constante evolución y los smartphones no son una excepción. Así pues las tentaciones para renovar de terminal, se ven apoyadas por un argumento que seguro que casi cualquiera de vosotros habéis pronunciado alguna vez: mi movil ahora va muy lento. Pero ¿poqué ese flamante móvil de pronto se ha convertido en un sinónimo de lentitud?

Es cierto, la tecnología evoluciona a un ritmo casi frenético y en el mundo de los móviles se hace aún casi más patente. Y todos queremos que nuestro móvil, que se ha convertido en una herramienta de uso diario, vaya lo más rápido posible, y sin embargo, este parece decidido a seguir el camino opuesto, el de ofrecer un rendimiento cada vez menor. ¿Podemos solucionarlo? ¿Cuales son las causas?

Bien, veamos poco a poco que razones son las que llevan a nuestro móvil a funcionar más lentamente que cuando lo compramos.

¿Es cosa nuestra?

Aunque parezca mentira, hay un importante factor psicológico y el bombardeo constante de publicidad sobre los nuevos módelos y sus increibles mejoras tampoco ayudan. Así a medida que pasase el tiempo, aún cuando en una situación teórica el móvil siguiese ofreciendo el mismo rendimiento, poco a poco tendríamos esa sensación de que el móvil responde más lentamente. Y eso es solo una cosa nuestra y de nuestro cerebro, así pues no os agobiéis, que los teléfonos pueden tener una vida más larga de lo que quieren que creamos.

Pero por supuesto, hay muchas razones para que, esta vez si de verdad, nuestro teléfono vaya más lento..

La batería, enemigo a largo plazo

El reciente caso destapado con las baterías de los iPhone y como Apple limita el rendimiento de sus dispositivos cuando las baterías tienen ya un menor rendimiento, no ha hecho sino poner sobre la mesa una realidad y es que la batería juega un papel destacado en el rendimiento.

Si nuestro teléfono no cuenta con una batería suficiente, ahí está el modo de ahorro energético en cualquier dispositivo dispuesto a darnos unos minutos adicionales de autonomía, pero exigiendo un claro peaje, el rendimiento se ve reducido. Y es que cuando la batería se encuentra baja, los dispositivos ajustan el rendimiento del procesador para un menor consumo, y eso se traduce sin duda en una mayor lentitud. Y a medida que la batería va acumulando horas de funcionamiento, su autonomía se va reduciendo, con lo cual, cada vez tenemos más posibilidades de encontrarnos con que nuestro teléfono se ve obligado a reducir el rendimiento para ampliar la autonomía.

Las actualizaciones, nos salvan de los fallos pero se comen el rendimiento

Actualizar cualquier dispositivo es algo que casi todo el mundo tiene configurado de forma automática, y que además es consciente de la necesidad de hacer las citadas actualizaciones. ¿La razón detrás de las actualizaciones? En la mayoría de casos corregir fallos del sistema, o de una app, también incorporar nuevas funciones está entre sus funciones. Sin embargo, esas actualizaciones son parches que van «acumulándose» y que al igual que a medida que tenemos cada vez más cosas en una caja se complica encontrar las que ya teníamos, hacen que el movil vaya funcionando de una forma cada vez más lenta.

En este caso, habría que saber valorar y poder discriminar las actualizaciones para poder decidir cuando debemos instalarlas o no, de cara a no perjudicar el rendimiento. Sin embargo, los grandes desarrolladores (vease Google, Apple o Microsoft) son cada vez más propensos a imponer las actualizaciones para mantener la seguridad de sus sistemas, aun cuando dichas actualizaciones perjudiquen el rendimiento: la seguridad va por delante.

Las APPs, muchas y con actualizaciones frecuentes

¿Y quién quiere un móvil que sea solo para llamar? Hoy en día, no podemos imaginarnos un móvil sin el ecosistema de apps que contribuyen a añadir «montones» de funciones a nuestro teléfono. De esta manera en nuestro bolsillo llevamos algo similar a una navaja suiza tecnológica, que pensamos podemos usar para muchas cosas.

Eso nos lleva a instalar muchas veces APPs que no usaremos más que un par de veces, en algunos casos incluso ni siquiera eso, y que aunque pensemos que no utilizandolas no nos perjudican, no hacen sino llenar nuestros dispositivos de archivos y en algunos casos de servicios que están ejecutándose en segundo plano. A eso le sumamos, que las APPs que pueden comenzar siendo sencillas y rápidas, con el tiempo acaban convirtiéndose en mastodontes con muchas funciones, y que por su propio funcionamiento son cada vez más lentas. Así que nos toca quedarnos con APPs cada vez más lentas o dejar de disfrutar de algunas funciones, o incluso directamente no poder usarlas.

En conclusión…

Estos serían los tres (+1, que el psicológico también cuenta) factores que más peso tienen en eso de la lentitud de los móviles. En nuestras manos está parte de solución para el problema, no instalándo más APPs de la cuenta o controlando las actualizaciones. No podemos evitar que muchas de las actualizaciones redunden en pérdidas de rendimiento, porque el software siempre suele seguir un mismo patron en su evolución, con actualizaciones que reducen el rendimiento y con otras que permiten recuperar parte del mismo.

 

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