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Las actualizaciones, ¿bendición o maldición?

Hay que mantener el equipo actualizado!! Hay que mantener el equipo actualizado!! Actualizado, actualizado….

Así podríamos seguir durante un buen rato, casi como si se tratase de un mantra que cualquier experto de seguridad pronunciaría al referirse al tema de las actualizaciones. Es una realidad que en el mundo tecnológico, hay una constante evolución y las actualizaciones están ahí para mantener nuestros dispositivos al día. Y no solo en cuanto a funcionalidades sino a la hora de solventar posibles agujeros de seguridad, siendo este segundo aspecto el que las hace más importantes aún si cabe.

Ahora bien, en ese frenético ritmo de actualizaciones nos encontramos con un lado un poco más «oscuro». Y es que no siempre esas actualizaciones se instalan y todo funciona a la perfección con las mejoras o correcciones pertinentes. Recientemente hablábamos de como Apple se está enfrentando a un problema con la batería de sus iPhones tras la actualización de iOs, algo que pone de manifiesto como incluso en un ecosistema tan «cerrado» (y que en teoría debería ser menos propenso a estos problemas) las actualizaciones también tienen ocasionalmente problemas.

Salvando los fallos más evidentes como el que mencionamos de Apple, hay que tener en cuenta que las actualizaciones de los sistemas a veces no generan problemas que se vean a simple vista. Quizás una actualización genere una incompatibilidad con algunas aplicaciones que no usemos habitualmente y que en primera instancia pueda pasar desapercibido. Esto es algo que en las empresas suele preocupar en gran medida, y de hecho en las grandes empresas se suele seguir protocolos para ir actualizando los equipos de forma progresiva para ir comprobando en unos pocos equipos si todo funciona como debe antes de lanzarse a una actualización masiva que desemboque en un montón de problemas. En los casos de empresas más pequeñas o los particulares, es algo que no se suele considerar porque en la mayoría de las ocasiones se tiene en la cabeza esa idea que mencionábamos al principio: actualizar si o si.

Pero ¿que sucede si actualizamos Java y nos encontramos con que esa nueva actualización echa por tierra una aplicación de gestión donde teníamos todos los datos de trabajo diarios? o si ¿windows se actualiza y de pronto el nuevo controlador que ha instalado para nuestra tarjeta gráfica genera inestabilidad en la aplicación de diseño gráfico que usamos? y ¿donde encuentro esa opción que Apple ha decidido eliminar al actualizar la versión de OSX? … Podríamos seguir con muchos casos parecidos, pero ahora puede que la idea de la necesidad de actualizar empieza a estar un poco más cuestionada.

Los sistemas informáticos tienen una gran complejidad que hace que sea casi imposible llegar a un 100% de seguridad o de fiabilidad, de ahí que existan esas constantes actualizaciones. De hecho, a veces incluso una actualización puede generar nuevos agujeros de seguridad, así pues las cosas no son tan bonitas con esto de las actualizaciones ¿no? En algunos casos se opta por bloquear de raíz las actualizaciones de los equipos, lo cual evita estas posibles inestabilidades y problemas de compatibilidad, todo ello por supuesto a costa de dejar expuestos nuestros equipos a los riesgos de seguridad que se solventan con esas actualizaciones.

Y para ahondar más en la disyuntiva, nos encontramos con que Apple, Microsoft, Google y casi cualquier desarrollador activa por defecto las actualizaciones automáticas haciéndolas casi obligatorias (solo algunos usuarios más experimentados encuentran las opciones minuciosamente escondidas para desactivar esas opciones). Todo ello en aras de aumentar la seguridad (recordemos por ejemplo el caso de como WhatsApp nos obliga a actualizarnos a su última versión para poder seguir usando la App).

Así que tenemos ante nosotros una compleja decisión, en un lado de la balanza actualizar para «aumentar» la seguridad y por otro no actualizar para evitar «inestabilidades». Cuando hablamos de uno o dos equipos puede sonar a algo trivial, pero imaginemos que tenemos ante nosotros la posibilidad de que todo se complique (o no) con un gran número de equipos/dispositivos. Siempre que llegan actualizaciones conviene leer atentamente todo lo que se pueda en torno a estas, realizar las convenientes copias de seguridad y luego proceder a actualizar. Si algo va mal, siempre podríamos intentar regresar al punto anterior.

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