Nube si, pero con sentido

Esta semana una buena parte de Internet veía como un fallo de un servicio generaba una caida en cadena y dejaba miles de sitios web (algunos de renombre como Spotify, The New Yor Times) fuera de servicio durante cerca de una hora. La nube, que parece estar siempre ahí, también puede fallar.

Sin entrar a profundizar en cuestiones técnicas de este reciente fallo, lo que queda claro es que Internet no es invulnerable y que puede fallar igual que puede fallarnos el coche o una lavadora. Es tecnología, y al final, esta está sujeta a fallos (y cuando no también a ataques).

Y resulta que estas cosas empiezan a hacerse cada vez más patentes, cuando precisamente un mayor uso hacemos de Internet y la famosa nube. Cada vez hay más expertos advirtiendo sobre posibles problemas en la red de redes y los ciberataques parecen estar a la orden del día.

Así que los usuarios, a los que llevan años convenciéndonos para que hagamos uso de la nube, nos encontramos de pronto que tenemos que enfrentarnos también a posibles inconvenientes. Esa nube que parecía que estaría siempre ahí, a diferencia de nuestro ordenador al que se le podía quemar el disco duro o la fuente de alimentación, también es posible que no esté a nuestro alcance.

Si por ejemplo se trata de entrar a consultar las últimas noticias o echar un vistazo para comparar productos y no tenemos acceso por alguna extraña razón, podemos estar tranquilos. Seguro que un poco más tarde podremos y tampoco será importante el retraso. Pero ¿Y si donde no podemos entrar es en nuestro correo electrónico donde tenemos un presupuesto importante que consultar? Ahora las cosas empiezan a cambiar de tono ¿no os parece?

Si esto lo extrapolamos, al creciente número de dispositivos que nuestras casas tienen conectados a internet (el famoso Internet de las Cosas) podemos tener situaciones similares. Si de pronto ahora la aspiradora no funciona… bueno, ya aspiraremos un poco más tarde (que más da unos pocos más de ácaros), pero uy, que la lavadora debería haberse activado y tener la ropa para la próxima reunión limpia y no ha funcionado…

Poco a poco, son más los dispositivos del día a día que están conectados a Internet. Por suerte, por ahora al menos, estos suelen tener una forma de funcionar de forma offline. Pero ya existen algunos dispositivos que empiezan a poder funcionar únicamente tras conectarlos a internet… Las casas inteligentes nos dicen. Pero ¿y si Internet no funciona? ¿Acaso no podré cocinar con mi robot? ¿Las luces ya no se encienden? Entonces, podríamos tener casas más bien «atontadas»… Pero el problema es que cada vez más, quieren que todo esté conectado. El 5G presumía precisamente de servir como vehículo para esa hyperconectividad de todos los aparatos. Está claro, que la nube puede ser una herramienta fabulosa, pero lo primero de todo es que hay que usarla con sentido. No se puede depender de ella para cuestiones vitales y no tener de un recurso alternativo. Al menos, no si queremos evitar encontrarnos en una situación que nos ponga en un aprieto si se da uno de esos extraños problemas (que confiemos, no empiecen a hacerse muy frecuentes).

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